Madre con su hija comprando en un supermercado
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La cuenta del supermercado manda. O la bomba de gasolina. O la receta que quedó sin llenar porque este mes tocaba elegir.

Esa es la matemática diaria de la clase trabajadora latina en Estados Unidos, según la encuesta más completa que se ha publicado sobre ella: 2,700 adultos latinos de clase trabajadora entrevistados en todo el país entre el 28 de agosto y el 17 de septiembre por UnidosUS, la mayor organización de defensa de los derechos civiles de los latinos en EE. UU. El dato que lo resume todo: el 68% dice que trabaja más duro que nunca pero se está quedando más atrás — siente que la escalera de la movilidad ascendente está rota.

Y ojo, esto no es una minoría lejana. Casi el 80% de los adultos latinos — unos 38.5 millones de personas — forma parte de la clase trabajadora: son 1 de cada 5 trabajadores del país, en la construcción, la agricultura, el transporte, la manufactura. Y se proyecta que aporten el 78% de los trabajadores nuevos de esta década. Lo que les pase a ellos le pasa a la economía.

El costo de la vida manda, por goleada

El 83% puso el costo de la vida entre sus tres principales preocupaciones económicas. Después vienen los empleos y salarios (55%) y la salud (52%). Apenas el 12% dice que vive cómodamente; el 61% dice que apenas cubre sus gastos o le cuesta llegar.

La foto del último año es dura: el 40% dice que está peor que hace un año, casi el triple de los que dicen estar mejor (14%). Y de los que van en picada, el 76% culpa una sola cosa: precios más altos en lo cotidiano.

No es percepción. El 78% tomó medidas concretas para mantenerse a flote: el 43% compró menos comida o cambió a productos más baratos, el 38% tocó sus ahorros y casi 1 de cada 5 (18%) tomó otro empleo o más horas. Janet Murguía, presidenta de UnidosUS, lo puso en palabras directas: están «comiendo menos para ahorrar dinero, saltándose visitas al médico o no llenando recetas de medicamentos necesarios».

En salud el número duele: más de la mitad (53%) renunció a algún cuidado médico por el costo — saltarse la consulta, dejar la receta sin llenar o sustituirla por un genérico sin receta.

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La vivienda pesa más que nunca

El 53% gasta el 30% o más de su ingreso en vivienda — el umbral donde un hogar se considera sobrecargado. Entre los inquilinos, la cifra sube a 66%. Seis de cada diez inquilinos (60%) temen no poder pagar el alquiler del próximo mes; y el 41% de los dueños teme no hacer el pago de la hipoteca.

Entre el 41% que quiere comprar casa, los frenos son los de siempre, pero más duros: el 64% dice que los precios están demasiado altos y el 51% que no tiene ahorro para el enganche.

Las redadas también llegan al bolsillo

La encuesta conecta lo migratorio con lo económico, y el vínculo es directo. El 44% dice que la preocupación por la aplicación migratoria afectó sus finanzas domésticas en el último año — gastos más altos, ingresos perdidos o familiares con miedo de ir al trabajo o buscar atención médica.

En la calle comercial se siente peor: el 60% de los dueños latinos de pequeños negocios dice que les dañó el negocio, sobre todo por menos clientes y ventas, empleados que faltan al trabajo o dificultad para encontrar trabajadores.

Un bloque decisivo al que nadie le habla

A 11 días de las elecciones del 3 de noviembre, hay un dato que debería poner nerviosos a los dos partidos: el 55% dice que ningún partido, campaña u organización les ha pedido registrarse o votar. La brecha se mantiene incluso en estados disputados — 57% en Florida, 60% en Texas. Solo el 23% ha sido contactado por demócratas y el 15% por republicanos.

Y sin embargo, no están desconectados: el 45% dice que votará con certeza total y otro 16% está casi seguro. El 41% de los independientes de clase trabajadora cree que ningún partido defiende los intereses de los trabajadores — no es apatía, es escepticismo.

Lo que piden no es abstracto

La encuesta probó soluciones concretas y todas pasaron del 75% de apoyo. En la cima: licencia familiar y médica pagada a nivel nacional (86%), ayuda para bajar las primas del seguro bajo la Ley de Cuidado de Salud (84%) y cuidado infantil universal de bajo costo (80%). También: un programa federal de ahorro para el retiro con aporte del gobierno para quienes no tienen plan en el trabajo (82%), subir el salario mínimo federal a 25 dólares la hora (77%) y hasta $20,000 de ayuda para el enganche de una primera casa (81%).

Hay, eso sí, una nota que no cuadra con el pesimismo: el 55% aún cree que la prosperidad es posible para su familia. Trabajan más, recortan más, temen más — y no han tirado la toalla. La pregunta que la encuesta deja sobre la mesa, a once días de las urnas, es otra: ¿quién les va a hablar primero?

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Fuentes oficiales

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